Night Fever: Los Bee Gees Y La Explosión De La Música Disco
Con el lanzamiento de la banda sonora de ‘Saturday Night Fever’, los Bee Gees ayudaron a que la música disco explotara de forma masiva, marcando a otros el camino a seguir.
Suele a quedarse en el olvido pero, alguna vez, grupos con tintes de música disco como los Bee Gees y ABBA eran considerados como el enemigo; a mediados de los ‘70s, el nacimiento de la música disco y el dominio del ritmo de cuatro-sobre-cuatro fueron percibidos por algunos fans del rock como una plaga. Hubo eventos en los que se destruyeron álbumes de música disco, igual que lo hicieron los predicadores apocalípticos cuando destrozaron sencillos de rock’n’roll a mediados de los años 50. El rock era bueno, la música disco era mala y ninguno de los dos deberían encontrarse…pero esto no sucedió en términos tan simples.
La música disco se había originado en la costa este de los Estados Unidos en los clubes negros y acercándose sigilosamente al pop de manera casi desapercibida. Algunos artistas afroamericanos como Hamilton Bohannon (“South Africa Man”, “Disco Stomp”), The O’Jays (“992 Arguments”, “I Love Music”) y Eddie Kendricks (“Keep On Truckin’”, “Boogie Down”), por citar pocos ejemplos, produjeron música auténtica, funky, con arreglos exquisitos y dirigida a la pista de baile con un ritmo disco. En 1974, Barry White ofrecía sinfonías de disco-soul, tanto como solista como con Love Unlimited, y artistas de la talla de KC & The Sunshine Band y Gloria Gaynor grababan música diseñada para que los DJs sacudieran al público con el mínimo esfuerzo.
Mientras los críticos elogiaban desmedidamente al rock y los chicos glam se ponían su maquillaje, un público adulto con posibilidad de ir a discotecas bailaba al ritmo de la música disco. Las listas de éxitos se llenaron de música impulsada por cuatro golpes de bombo al compás y, a diferencia del funk—el ritmo más duro que se proclamaba ser el sonido de la rebelión negra de la mano de artistas como Parliament y James Brown—la música disco era rítmicamente sencilla de interpretar. Solo fue cuestión de tiempo para que las bandas de pop blanco decidieran dedicarse a este género. El ejemplo más evidente fue tres mancunianos con acento australiano: Los Bee Gees.
Este fue un movimiento perfectamente lógico para los hermanos Gibb. Al tener apariciones constantes en las listas desde la segunda mitad de los ‘60s, el grupo buscaba mantener su prominencia a medida que los años ‘70s llegaban a su fin. Su asombroso material le venía a cualquier estilo, al haber sido ampliamente versionado por cantantes de soul como Al Green (“How Can You Mend A Broken Heart”) y Nina Simone (“To Love Somebody”, la cual fue inicialmente pensada para Otis Redding), así que no era ajena al groove. En 1975 grabó Main Course, un álbum que produjo dos éxitos, “Jive Talkin’” y “Nights On Broadway”.
No se trataba de comida chatarra sonora: estos eran discos exitosos con un entendimiento profundo del género. Los Bee Gees contribuyeron aún más material disco a su álbum de 1976, Children Of The World, del cual se desprendió “You Should Be Dancing”, hit No. 1 en Estados Unidos. La música disco había marcado el comienzo de una nueva etapa en la carrera del grupo y, a cambio, los Bee Gees le dieron lugar a la música disco en la clásica banda sonora de Saturday Night Fever, siendo canciones que convirtieron a una película pesimista de 1977 en un éxito inesperado. “Stayin’ Alive”, “Night Fever”, “More Than A Woman”…es aquí donde encontramos el punto más alto de la música disco. La película convirtió a John Travolta en una estrella, y de la nada, cualquier hombre barrigón copiaba su pose de sacar el pecho y apuntar la mano hacia el aire en los banquetes de bodas, algo que no debió haber sucedido. Así fue como la música disco se puso de moda.
Frankie Valli también se benefició de esto. En 1975 y 1976, con y sin su grupo The Four Seasons, triunfó con “Swearin’ To God”, “Who Loves You”, “December 1963 (Oh What A Night)” y “Silver Star”, éxitos que llevaban el distintivo sello de la música disco. El género sonaba por todas partes y las listas de éxitos de Billboard a finales de 1976 estuvieron dominadas por una serie de éxitos disco como “You Should Be Dancing”, “Play That Funky Music” de Wild Cherry, “A Fifth Of Beethoven” de Walter Murphy & The Big Apple Band (una de las primeras encarnaciones de los futuros líderes del estilo, Chic) y el comediante de radio Rick Dees con A Cast Of Idiots presentando “Disco Duck”, la más exitosa de las muchas canciones que se burlaban de este estilo. Por otro lado y más digno que este último ejemplo, ABBA obtuvo el número 1 mundial con “Dancing Queen” – demostrando que este grupo podía aprender las formas de otro género del pop sin perder su carácter fundamental, como ya era de costumbre.
La música disco siguió su curso ascendente en 1977: el ex-cantante británico Leo Sayer, vestido de payaso, consiguió el número 1 en Estados Unidos con “You Make Me Feel Like Dancing” y también triunfó con la más conmovedora “Thunder In My Heart”; La vocalista estadounidense Donna Summer, con la ayuda del productor alemán Giorgio Moroder, creó el monstruo electro-disco, “I Feel Love”. Al año siguiente, Barry Manilow nos compartió “Copacabana” y Blondie se alineó con los clubes de Nueva York a través de “Heart Of Glass”.
Blondie no fue la única banda de “new wave” que “se volvió disco”. Los dos mayores éxitos de Ian Dury & The Blockheads, “Hit Me With Your Rhythm Stick” y “Reasons To Be Cheerful Part 3”, eran prácticamente canciones disco; No es de extrañar que “Ai No Corrida” del frecuente co-autor de Dury, Chaz Jankel, se convirtiera en un éxito para Quincy Jones, el director de orquesta de jazz-funk que había producido numerosos éxitos disco para Michael Jackson, George Benson y The Brothers Johnson.
Los Rolling Stones y Rod Stewart se adentraron en la música disco para lograr éxitos en las listas con “Miss You” y “Do Ya Think I’m Sexy”, respectivamente. “Evil Woman” y “Turn To Stone” de ELO fueron dos ejemplos del género disco sin comprometer el sonido base de la banda; pocos se dieron cuenta de por qué su álbum de 1979 se llamó Discovery. Muy…Disco ¿entiendes?
La reacción contra la música disco alcanzó su punto máximo en 1979 cuando camisetas con la leyenda “Disco Sucks” (la música disco apesta) se volvieron brevemente populares entre los fans del rock que se oponían a que “sus” bandas quedaran por detrás de las que incorporaron elementos disco. Los hardcore punks Dead Kennedys lanzaron “Disco Holocaust”, y algunos fans asumieron erróneamente que “Death Disco” de PiL en realidad se llamaba “Death To Disco”, otro eslogan utilizado por los opositores del género.
Disco Demolition Night ocurrió en julio de ese mismo año, el cual fue un evento muy publicitado organizado por dos DJs durante un partido de béisbol en Chicago, donde un camión lleno de álbumes de música disco explotó en el campo. Este acto muy tonto dañó la superficie de la cancha e impidió que el partido pudiera continuar como estaba programado. Pero la música continuó a buen ritmo, con la selección de actos que conformaban SOLAR Records de Los Ángeles—que incluía a Shalamar—llevando el sonido a nuevas alturas. Chic fue una clara influencia para que Queen escribiera “Another One Bites The Dust”, su éxito de 1980, Barbara Streisand hizo un dueto con Donna Summer, e incluso The Kinks, J Geils Band y KISS incluyeron elementos de la pista de baile en sus discos.
La música disco se había convertido en la cultura musical definitiva en los clubes de la costa este de Estados Unidos como Paradise Garage de Larry Levan y alcanzó su punto máximo en el lujoso local nocturno Studio 54 en Manhattan, donde Grace Jones podía verse muy seguido. Fue también en Nueva York donde se hizo evidente su ocaso. Los chicos del gueto buscaban una música de baile más callejera y dura y la encontraron en el hip-hop, que fue eliminando la música disco del programa.
Vale la pena tener en cuenta que muchos de los primeros lanzamientos de hip-hop fueron grabados en vivo en el estudio por bandas que se aproximaban a los ritmos de la música disco. Sugar Hill Records, el sello discográfico más asociado con el nacimiento del hip-hop, inicialmente concibió este género como una rama de la música disco negra en la que se había especializado All Platinum, su empresa matriz, y la subsecuente rama electrónica le debía mucho a la música de cuatro compases sobre cuatro.
A principios de los ‘80s, el pop blanco abandonó el sonido disco que lo había considerado como solo una herramienta cuya fecha de expiración había llegado… ¿o no? Aunque carecían del atractivo que se notaba durante el apogeo de la música disco, producciones como “Cars” de Gary Numan y la mayoría de los éxitos de Soft Cell y The Human League estaban hechos para sonar en clubes nocturnos. Más recientemente, Katy Perry rindió homenaje a la música con teasers cargados de bolas de espejos para su sencillo “Chained To The Rhythm”, mientras que, para cerrar el círculo, DJ Getdown remezcló “Stayin’ Alive” de los Bee Gees a principios de 2017, demostrando que este ritmo atemporal siempre llenará las pistas de baile.
¿Muerte a la música disco? No. Larga vida a la música disco.
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