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‘Moving Pictures’: la obra maestra sonora de Rush

Cerrando la brecha entre lo progresivo y el new wave, en ‘Moving Pictures’ Rush domina ambos géneros y cosecha sus frutos.

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Rush Moving Pictures
Portada: Cortesía de Island Def Jam Music Group

“Todos tenían sentimientos encontrados sobre la función y la forma”, declaró Rush en “Vital Signs”, la canción final de Moving Pictures de 1981. Sin embargo, (y  afortunadamente), parecía que nadie en su creciente base de fans tenía sentimientos encontrados sobre el último proyecto de Rush. (Estamos jugando un poco con el contexto, pero quédense con nosotros).

Escucha Moving Pictures en Apple Music y Spotify.

Como siempre ha sido el caso en lo que se refiere al rock, tanto la función como la forma eran de gran importancia en 1981. En este sentido, si estabas predispuesto a que te gusten ciertos tipos de música y las bandas que los representan, entonces era perfectamente normal buscar motivos y símbolos para tratar de alinearte con la tribu que escogieras. Por ello, en aquella época parecía como si el rock progresivo hubiera grabado una profunda línea en la arena (o más bien una fisura) para separarse del resto de los géneros musicales del momento, en un proceso que generalmente fue ocasionado por los ataques que recibía del punk (aunque esto sea algo que aún sigue un tanto en discusión).

Tal es así, que en 1981 no era descabellado pensar que las bandas de rock de “dinosaurios” de la generación anterior (conocidas por tocar canciones eternas y llenar los escenarios de utilería), nunca reconocerían las virtudes de las agrupaciones inquietas, contenidas y conscientes del pop que las relevaron. Para esta nueva generación musical, ser conciso era el diferenciador clave, ya sea que esto se aplicara a la duración de las canciones, el peinado o el ancho del dobladillo.

Sin embargo, hubo al menos un viejo sabueso del rock progresivo de finales de los años 70 que hizo caso a las alarmas que sonaba este nuevo cambio de guardia. Mientras muchas de estas bandas “anticuadas” marchaban hacia su extinción, Rush, por su parte, prestaba con mucha atención al zeitgeist musical del momento.

Un punto intermedio entre el pasado y el presente

Como ya lo había demostrado el enfoque duro de Permanent Waves de 1980, Rush había estado genuinamente entusiasmado y rejuvenecido por la infusión de sangre fresca proporcionada por la New Wave (The Police, XTC, Talking Heads). Sin embargo, es Moving Pictures el disco que se erige como el punto medio más elegante y perfectamente equilibrado entre un pasado que se parecía a un mapa de nubes de Roger Dean y un presente digital limpio, lleno de bordes rectos que se imaginaba a sí mismo como Piet Mondrian pidiendo aventón en un ascensor en un paisaje urbano de Tron.

Si bien en 1981 las corbatas delgadas de la moda de aquella época se veían un tanto fuera de lugar sobre los integrantes de Rush (pues e el bajista/vocalista Geddy Lee aún lucía un peinado abundante), lo cierto es que la banda logró crear un pequeño milagro al combinar la energía vivaz, la urgencia y la implacable autocontención de esta “nueva música” con la grandilocuente y absurdamente ágil musicalidad que representaba la esencia de la banda. Al hacerlo, ampliaron sutilmente los horizontes de los fanáticos clásicos del rock obstinadamente polarizados que consideraban al pop/new wave y otros géneros frívolos como endebles y despreciables. Aquí estaba la función asumiendo una nueva forma gratificantemente popular. (Tras su lanzamiento, el 12 de febrero de 1981, Moving Pictures llegó al Top 3 en el Reino Unido y los Estados Unidos, y llegó al número 1 en Canadá, país natal de la banda).

“Tom Sawyer” ejemplifica el modus operandi de Moving Pictures, con su brillante y espaciosa producción digital, su novedoso sintetizador y una secuencia de acordes resonante y valerosa que apunta al horizonte. Al igual que “Vital Signs”, la cual se aferra a la defensa semiautobiográfica del individuo tranquilo, inflexible y a menudo mal percibido: “Aunque su mente no se alquile/No lo menosprecies por arrogante”. (Irónicamente, todo este discurso sobre la individualidad se tradujo en comunalidad, tocando una fibra sensible en la enorme base de fans de Rush).

Una piedra angular de Rush

“Red Barchetta”, por su parte, está inspirada en el cuento de Richard Foster de 1973 A Nice Morning Drive, y ambientada en un futuro que ahora no parece muy lejano, en el que el gobierno regula en gran medida la fabricación de automóviles. Está claramente escrita desde la perspectiva de un gobierno-regulador-enloquecido (“Un brillante Barchetta rojo de una época mejor, desaparecida”), y la dicotomía que presenta, donde se enfrentan entre sí la estética y las emociones viscerales contra la salud y la seguridad. Pero bueno, esa puede ser una discusión que dejemos para otro día. Sin embargo, como composición general, es una piedra angular de Rush, con el guitarrista Alex Lifeson proporcionando una constelación puntillista de armónicos brillantes.

“YYZ”, llamada así por el código de identificación del Aeropuerto Internacional Pearson de Toronto, es otro de los pilares de Rush: un instrumental potente y valiente con un intervalo de tritono sacado directamente del libro de jugadas de King Crimson. Para estos oídos, contiene el mejor solo grabado de Lifeson, un ulular extático de Oriente Medio con subidas y bajadas.

Rush no pudo evitar crear una pieza clásica de 11 minutos con varias subsecciones. Se trata de la densamente efectiva “The Camera Eye”, una canción soñadora y pictográfica llena de frases como: “Una masa angular de neoyorquinos… niebla en las calles de Westminster”. El álbum también cuenta con la melancólica y fúnebre “Witch Hunt”, la cual deja atrás la ambientación de tipo Black Sabbath para convertirse en una historia aleccionadora y atemporal: “Rápidos para juzgar/Rápidos para la ira/Lentos para comprender/La ignorancia y el prejuicio/Y el miedo van de la mano”.

Lo mejor de todo es que “Limelight” se basa en un riff tan atractivo, inmediato y compacto que solo puede clasificarse como música pop… aunque se trata de música pop con una agenda lírica característicamente insular (“Uno debe poner barreras para mantenerse intacto… no puedo fingir que un extraño es un amigo largamente esperado”). Como se trata de Rush, tiene compases de 7/8. En muchos sentidos, es una canción que los define: hombres decentes y tímidos, consagrados permanentemente en la memoria de los escenarios del mundo, pero desconcertados por el pacto con el diablo que esto siempre implicó.

Moving Pictures se puede comprar aquí.

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